In the much-hyped celebration of the Bilbao Guggenheim 10th. anniversary.
November 6, 2007 at 9:35 am | In Art |Tags: Bilbao Guggenheim, Gehry, Serra, Spider
De toda la farfolla típica de este tipo de celebraciones, muy parecidas a ese respeto prudente de valoración tras la muerte de un personaje importante: eso, los que están en el mundillo, no te digo ya las memeces de los políticos cuelgamedallas y las buenas palabras de la objetiva “peña de la calle”, que, la mayor parte de las veces, ni sabe ni entiende, pero opina, vaya que si opina; me quedo, digo, con las palabras del artífice máximo, al menos, de la fachada externa del Museo y todo lo que gira a su alrededor, el propio Frank O. Gehry.
El décimo aniversario [immediaterelease, euskadinet, artnowonline, modernagent, Yahoo] de la inauguración del museo -19 espacios de diferentes alturas que suman cerca de 11.000 m² de superficie expositiva- que provocó el Bilbao Effect, con un promedio de visitantes anual de 1 millón de personas (2.800/día), ha pasado sin pena ni gloria en su ámbito artístico, ya sabes, la función de proporcionar a las personas, en cada momento, unas herramientas sensibles y conceptuales con las que enfrentarse al mundo y, de ese modo, reinventarse continuamente a sí mismas, (salvo alguna que otra radiografía “política”), más allá del puro motivo de celebración propagandístico y autorreferencial.
A lo que iba. Creo que lo más importante es la decepción de Gehry, 10 años después, al ver cómo han cambiado el entorno en el que se insertaba originalmente ese “dinosaurio de titanio”: el establecimiento de un vínculo con lo local (en este caso: el metal, la piedra y el agua, en sus palabras, “poderosa suma de los rasgos distintivos de la cultura vasca”) sin perder de vista el criterio de calidad imprescindible. Que no significa la desastrosa noción de arte espectáculo (las artes, por definición, son para los entendidos, o sea, unos poquitos, aunque suene exquisitamente elitista), con un espectador pasivo y meramente consumista del producto cultural. Como suele decir, Richard Serra: “El espectador es parte de la producción de la obra de arte y nunca se resalta lo suficiente esta dimensión activa y comprometida de su mirada”.
Volviendo al entorno “empalagoso” del BilboGuggi según Gehry: “Han eliminado esa estética de dureza industrial típica de Bilbao que se mantenía en las orillas de la ría modificada por los montes verdes que encajonan la ciudad. La reordenación de la zona borró la reminiscencia de su cara industrial. Los planificadores de la ciudad empezaron a hacer cosas en el paseo de la ría, esas luces extrañas y esas cosas. Es un magnífico lugar de encuentro para la gente, pero los jardines son demasiado bonitos. La dureza del entorno era lo atractivo, que iba muy bien con lo que estabámos intentando construir…”
Además, en contra de la lógica imperante, en estos últimos años se ha dado una concentración excesiva de arquitectos en el mismo lugar. “Obras de otros arquitectos de renombre internacional (Legorreta, Isozaki, Calatrava, Moneo, etc.) se han levantado a poca distancia del Guggi. Son amigos pero, también rivales y, a ninguno nos gusta la obra de los demás”.
Independientemente de esa sensación típica del artista cuando hace una obra que se tarda un tiempo en hacer: que para cuando se acaba no es que no les guste, es que, para entonces, el artista ya ha tenido nuevas ideas y piensa en otras formas de resolver la obra y como son nuevas parecen mejores, “cuando lo ves construido y sabes que lo podías haber hecho mejor, no te sientes a la altura y te lleva tiempo superarlo”; y de las rencillas entre artistas: Serra sobre el Guggi: “chatarra”, Gehry sobre las esculturas de Serra: “hierros oxidados”, las obras interaccionan con su entorno, nos guste o no, y en vez de todas esas plantas, jardines, aceras, arreglos de luces, y todo lo que han puesto alrededor del museo, “deberían haber dejado el carácter vasco del entorno de hace 10 años, la materialidad y sensación de este lugar y su historia, echándose en cambio en los brazos de las citas a otros lugares”. Sí señor, realmente triste. Y eso es lo que ha cambiado en estos 10 años: más turismo y menos esencias [P-17JUN]. Lo demás, que no es poco, es la calidad de lo que se exhibe en el interior del vasto museo [P-18FEB], aunque -o ¿porque?- lo eligen desde Nueva York.
Además, muy cerquita tenemos el Museo de Bellas Artes, el Museo del Parque, de toda la vida, que es uno de los mejores de Europa, modestito, sin alharacas ni tanta envoltura de celofán por fuera. Ahora con la colección Jean Planque (con el MOMA) “Between Picasso And Dubuffet” (hasta el 13 de enero: 130 obras del coleccionista suizo de autores como los reseñados más Léger, Degas, Cézanne, Renoir, Van Gogh…).

The Guggenheim Spider (en realidad, “Maman”, 1999, de L. Bourgeois), posiblemente más fotografiada aún que el propio edificio.
Para conmemorarlo de verdad pásate (interactúa por libre) por la colección permanente del museo: esculturas de Richard Serra, “La Materia Del Tiempo“ [próximo post en varias entradas del, probablemente, escultor actual fundamental, por cierto, de ascendencia mallorquina, que lo sepas].
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